Son los altos mandos… recordando a Walter Tróchez

El día de ayer recordamos un año en el cual se apagó la vela de nuestro querido y recordado compañero Walter Tróchez, un año con aires de impunidad, pero al mismo tiempo, que atrae fuertes vientos de lucha para mantener encendida la luz con nuestra vida propia, esa llama de nuestro camarada revolucionario.

Mientras nos encontrábamos en el centro de la ciudad, ubicados exactamente en el lugar donde le arrebataron la vida a Walter con una bala asesina, esa bala que representa la verdadera cara del supuesto régimen “constitucional” y que ha mantenido en las sombras a nuestra “dedocracia”, asentados en el lugar donde trataron de extinguir la luz de nuestro colega, emblema de perseverancia y ahínco en la batalla contra la discriminación y la defensa de los derechos humanos tras el golpe de estado, un oficial de la policía “preventiva” le comentó a otra estimada compañera que también lucha por la refundación del país: “son los altos mandos…”, comentario ante el cual la compañera respondió: “pero ustedes son los que golpean y reprimen a las personas que piensan diferente”. “¡Yo no!”-respondió el “chepito”- “Son los altos mandos que ordenan reprimir y asesinar…”

Esta afirmación, que proviene de un ser humano, cuando le despojamos de su uniforme -porque a pesar de todo no podemos discriminar y caer en el juego de la intolerancia que promueven los grupos fascistas de nuestro país-, viene a confirmar la verdadera práctica del uso de los “instrumentos” del poder, los famosos tontos útiles, tanto a los cuerpos policiales como a los que pecan de “intelectuales”, los cuales son las marionetas de los “altos mandos”, los verdaderos “gobernantes” de esta castigada tierra. Si antes nos “compraban” con espejos en la época de la “colonia”, ahora tratan de comprarnos con “democracia” y falacias bajo falsos conceptos de “sucesión constitucional”, palabras que se pierden en ecos vacíos. Pero siguen diciendo que somos nosotras y nosotros (las y los que denunciamos, que escapamos del silencio, que no olvidamos todas las atrocidades cometidas, sólo para darle entrada por la puerta a la “reconciliación nacional”), somos nosotros los que hacemos “daño” al país y no queremos el “progreso y desarrollo”, porque en Honduras todas y todos somos “hermanos” y debemos actuar como tales.

Son comentarios como los del “chepito” los que demuestran que la gente que aparenta “gobernar” no es quien dice ser, son estos comentarios los que corroboran que las violaciones a los derechos humanos, los hostigamientos, persecuciones y asesinatos cometidos contra defensores y defensoras, como el de nuestro recordado Walter Tróchez y demás compañeros y compañeras asesinados, posiblemente no sean “política” del actual “gobierno” -lo digo con ironía, no para librarlos de culpa, porque sabemos que son la continuación del golpe de estado- son estos comentarios que nos reafirman las prácticas sistemáticas y actuaciones de los “altos mandos”.

Porque es del conocimiento, derivado del sufrimiento, del hambre y la pobreza al que ha sido sometida la mayoría de la población de esta latitud de la tierra, que el poder del pueblo ha sido secuestrado por “terranientes”, militares, empresarios, conquistadores y neocolonizadores sin fronteras, son esas minorías las que han usurpado el término de la “mayoría” y que supuestamente promulgan la “paz” bajo los desgastados conceptos de “libre mercado”, “desarrollo” y “democracia”, son ellos los “canibalpitalistas del alto mando”.

El día de hoy me entristece saber que parte de la sociedad hondureña discrimina y estigmatiza a los defensores y defensoras de derechos humanos, aquellos que promueven y defienden a capa y espada los principios y valores de una sociedad justa, equitativa y solidaria. Da mucha tristeza, que por instrucciones de los represores y “gobernantes” se trate de hacer desaparecer y silenciar a quienes se levantan todos los días para hacer cumplir esos derechos que se establecieron como ideales para una constitución de todas las naciones, sólo por la ambición de mantener una falsa política de “respeto y cumplimiento” de los derechos humanos.

Me entristece ver un retrato, una foto y un recuerdo rodeado de velas, velas que el fuerte frío de la noche apagará sin molestia, tal y como lo hacen a diario los “altos mandos”, pero me llena de fortaleza, el saber que su imagen y su presencia permanece en nosotras y nosotros como un aliciente, una chispa, una luz infinita en nuestra lucha por una mejor Honduras.

¡Walter Tróchez Vive!

Francisco JP Molina

Defensor de Derechos Humanos

14 de diciembre de 2010

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